Opinión

Histórico paro general de la CGT: Triunfo de la clase trabajadora y duro golpe a la legitimidad social del gobierno.

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*Por Gustavo A. Ramírez

El paro general nacional fue contundente.  El triunfo político de la clase trabajadora se plasmó en las calles semi-desiertas y en los lugares de trabajo. El día superó la quietud de los feriados. Algunos negocios, los menos, abrieron sus puertas, pero la inmovilidad social los dejó desnudos. Otros comerciantes decidieron directamente no levantar sus persianas lo que demostró que la medida de fuerza de la CGT logró contener e interpretar a la gran mayoría de los sectores sociales disconformes con las políticas económicas del gobierno.

Este paro es un triunfo de la CGT, más allá de sus disputas internas. Semanas atrás distintos agentes políticos, mediáticos y sociales,  daban por sentado que la huelga se caía. Eso no sólo no ocurrió sino que la contundencia de la medida es determinante de cara al futuro cercano. El diagnóstico es lapidario, para con las medidas del Gobierno, que comenzó a quedar acorralado en sus propios márgenes políticos y empieza a respirar con dificultad ante el creciente malestar social que provocó la crisis inducida por su propia gestión.

Durante la conferencia de prensa, realizada en las primeras horas de la tarde en el Salón  Felipe Vallese de la CGT, los rostros de los dirigentes sindicales denotaban satisfacción. Quien tomó la palabra fue Juan Carlos Schmid, el promotor principal de la medida. Cabe destacar que el proceso del paro nacional comenzó hace meses con un plan de lucha contra los tarifazos. Cohesión, disciplina y organización, fueron los pilares donde se afianzó el éxito presente. Y destruyó la liviana hipótesis del “paro dominguero” con la que se deleitan, en la comodidad digital, el progresismo anti-sindical y la izquierda anacrónica.

Schmid expresó: “Se está desarrollando un paro, en toda la república Argentina, con un altísimo nivel de acatamiento. Un paro general en un país significa el fracaso del diálogo social y también el fracaso de la política. La Confederación General del Trabajo ha llegado a esta determinación después de haber agotado todas las instancias en los diversos planos institucionales”. 

“Las medidas instrumentadas, en los últimos tiempos, están afectando seriamente, no solamente a los trabajadores sindicalizados, sino a las pequeñas y medianas empresas, a los comercios, a las economías regionales y a los sectores más vulnerables del país. Y es éste el cambio que nosotros le hemos solicitado al gobierno, por eso fracasaron las negociaciones. No por la tozudez  ni por la que la CGT esté embanderada detrás de ninguna cuestión partidaria”analizó el titular del sindicato de Dragado y Balizamiento.

La medida de fuerza golpeó al gobierno, porque representó el agotamiento del crédito social. Su legitimidad y la de su modelo económico han quedado seriamente cuestionadas. Lo que implica superar las lecturas lineales sobre este paro general. Ir contra la interpretación forzada del voluntarismo moral e ideológico. Sobre todo porque la CGT expuso que el fondo de la crisis es político y ahora debe ser ese espacio  quien recupere terreno para confrontar con el neoliberalismo.

Schmid destacó que“hoy la protesta, el malestar, el descontento han desbordado el encuadramiento sindical. Hoy hay gente, de pequeños comercios, pequeños propietarios, hombres y mujeres de nuestro pueblo , que como han podido, se están manifestando en contra de los efectos que se están produciendo como resultado del desorden económico al que éste gobierno ha llevado a esta etapa de la economía”. 

El día después de la medida de fuerza histórica confluirá en la continuidad del plan de lucha ya anunciado por gran parte del Consejo Directivo de la CGT. El paro renovó los aires internos y existen nuevos posicionamientos y alineamientos. Los sectores “dialoguistas”  han quedado relegados y sin margen de maniobra. Claro que esto no quiere decir que el zig zag de ciertos dirigentes no se mantenga. Pero las fronteras están mejor y más marcadas.

El paro evidenció, entre otras cuestiones, que se equivoca quien subestima la fortaleza del Movimiento Sindical argentino. De la misma que incurre en un error quien soslaye la potencia productiva de la clase trabajadora. Son los trabajadores quienes movilizan la economía nacional y su tracción es determinante para las industria local. La fuerza de trabajo no es un costo, es la misma matriz productiva de la Nación.

Este triunfo del Movimiento Obrero y de la clase trabajadora no puede ser usado como una distinción de la coyuntura. Es un proceso que se enmarca en una realidad histórica y es producto del devenir de las fuerzas sociales que lo componen. El malestar social demandó la construcción madura e inteligente de la medida de fuerza y los dirigentes que trabajaron en esa dirección supieron hacer una lectura correcta de dichas demandas. Es decir, este paro no es el punto de partida de un plan de lucha, es la profundización de la ofensiva social contra el neoliberalismo.

Será el turno del campo político de capitalizar de manera debida lo ocurrido este lunes 25 de junio. El Movimiento Obrero puede ser imperfecto pero es altamente poderoso. Esa es la vital trascendencia de sindicatos fuertes en Argentina. Por eso este gobierno lo primero que ha intentando, en su plan de gobierno, es erosionar el poder constituido, de abajo hacia arriba, de los sindicatos.

Como lo expresamos con anterioridad. Este paro general nacional rompió el sentido común que expresaba de manera infantil (con perdón de los niños), que el mundial de Rusia distraía a la bases sociales, que la conducción sindical iba a bajarse de la medida, que el paro dominguero no tiene efecto. Cargas y más cargas que son funcionales a la intención neoliberal de hostigar permanentemente al sindicalismo. Esto no quiere decir que no se reconozcan las tensiones internas o las defecciones de algunos dirigentes. Sólo demuestra que el sometimiento al apuro es una pantomima ideológica.

El gobierno está golpeado. Es posible que intente responder con dureza contra ésta medida. Pero su potencia ya no es la misma. Le será muy difícil avanzar en el Congreso con la ley de reforma laboral o con otras leyes que vayan en contra de los intereses de la clase trabajadora. También quedó en claro que ahora la responsabilidad es de la clase política opositora. El Movimiento Obrero, junto a los Movimientos Sociales,  mostraron el camino una vez más, la dirigencia política tiene que asumir su rol histórico y salir del ostracismo.

 

Director periodístico de AGN Prensa Sindical

Periodista de La Señal Medios / Puerto Base / Palabra Sindical/ Radio Gráfica

 

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