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Draga Mendoza 259 C : La ausencia del Estado como representación del modelo de la desidia.

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*Por Gustavo Ramírez

El viento es inclemente en la Escollera Norte de Mar del Plata. Allí se encuentra anclada la draga Mendoza 259 C  la espera de que el Estado defina su futuro. Ella y sus tripulantes resisten, en medio del abandono, los azotes continuos del mar del ya la daño. El buque corre riesgo de hundimiento.

Si no fuera por el esfuerzo de la tripulación, la embarcación habría colapsado. Los trabajadores la mantienen a flote y hacen lo que pueden para  que no termine de perecer. Ellos habitan el buque sin agua, sin provisiones indispensables para que el deterioro no avance furtivo. Ponen plata de su bolsillo para comprar insumos de limpieza, por ejemplo. La situación se reproduce día tras días desde el 2015 cuando el Estado decidió pararla. Hace un mes se detectó una gran rajadura en su casco. Prefectura hizo un parche de ocasión pero el riesgo persiste.

La salas de máquina de la Mendoza 259 C  podría servir de escenario para recrear un relato de Sthepen King. Hierros arrumbados, piezas de maquinarias sueltas, vidrios rotos, herramientas carcomidas por el óxido. Motores jubilados prematuramente, pisos comidos por el hambre voraz de la sal marina y una oscuridad tétrica que torna al ambiente, otrora productivo, en un teatro signado por el abandono.

Ese parece ser el común denominador que impera, en la actualidad, en Mar del Plata, si uno toma como referencia los hechos trágicos de los buques Rigel, Repunte y al Ara San Juan. Abandono. Desidia. La situación se extiende, como un virus mortal, por la geografía de la Ciudad. El frío que transita bajo las garras de un cielo plomizo profundiza el drama. En la sala de máquinas los hierros de la draga se retuercen y parecen quejarse a cada golpe que le propina el mar. Sonidos espectrales que deambulan famélicos en busca de explicaciones.

Fernando Gavilán es el segundo oficial en la draga. Habla con tranquilidad y su tono expresa cierta resignación, mientras la embarcación se zarandea y golpea contra la escollera. Julián Domínguez también es oficial naval, junto a a Fernando quedaron a cargo de la nave una vez que la tripulación mayor se jubiló hace, aproximadamente, un año y medio.

“La última vez que trabajamos acá, en éste puerto, fue en el año 2015. Fue cuando hicimos la entrada del canal para el buque porta contenedores y el giro ocho. Una vez terminado el trabajo se paró la draga, desde que se amarró acá nunca más tuvimos respuesta de nada”, nos explicó Domínguez.

Gavilán añade que “hace un mes y medio” la draga corre riesgo de hundimiento “debido a que hubo un viento fuerte con mar de fondo. Es un muelle, creo que el mas malo de todo Mar del Plata, porque te arranca todo. Te arranca defensas, te arranca cabos, en veinte minutos no te deja nada. No hubo forma de defenderla y se ha golpeado contra el muelle y le hizo un rumbo que no es grande pero si es grave donde está. Está abajo de la línea de flotación. 

Una vez que el buque pase a desguace la tripulación será repartida entre otras embarcaciones. Cuando se los consulta si funcionarios de la actual gestión fueron a verlos la respuesta es exigua: “La semana anterior vino el director del ente nacional”, respondió Gavilan y destacó la presencia de Juan Carlos Schmid, titular del Sindicato del Personal de Dragado y Balizamiento,  hace uno días.

La actividad de los tripulantes se concentra en asegurar cabos y hacer mantenimiento para no terminar de perder la draga que oficia a la vez de su hogar. Ellos trabajan 14 días a bordo por 14 días de descanso. Lógicamente la actividad no es la misma que cuando el buque operaba. Hay que vencer al tedio: “Seguimos luchando con lo que tenemos”.

La certeza es que la draga no volverá a navegar. Lo que urge tiene que ver con toma de decisiones par evitar el hundimiento del buque. “Estamos abandonados, estamos por las nuestras. Uno le puede poner toda la garra a esto, pero si no tenés una ayuda de arriba, que sea de insumos, magia no se puede hacer“, afirmó Gavilán.

Mendoza 259 C. Suena a un nombre mecánico, es cierto. Sin embargo es parte del conjunto de emblemas que representan el devenir del actual modelo de gobierno. La farsa como tragedia. Mientras la draga espera el final la operativa la realiza una empresa privada y allí hay otro signo del proceso neoliberal. Tan frío como el viento que sopla en la superficie de la Escollera Norte.

 

*Director periodístico de AGN Prensa Sindical

Producción: Martín Tomassini / Puerto Base

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