Opinión

Triaca, el Ministro de Trabajo que paga en negro y aborrece a los trabajadores y a los sindicatos.

*Por Gustavo Ramírez

Jorge Triaca, actual ministro de Trabajo, desnudó el espectro ideológico que ostenta Cambiemos. Para el funcionario los trabajadores son un objeto de uso, descartables cuando la situación lo amerita y pasibles de maltrato físico y psicológico. El actual régimen de gobierno, claro está, no entiende al trabajador como sujeto histórico, de la misma manera que considera a las organizaciones que éste compone como un obstáculo social para el desarrollo de las fuerzas financieras de la cual el Ejecutivo es parte.

En este marco la avanzada del Gobierno contra los sindicatos no se inscribe en la esfera achatada de la lucha contra la corrupción. Esa pantalla moral sirve para imponer a la fuerza el control político de los gremios. De la misma manera que el escenario del dialogo es simplemente una composición retórica. Liza y llanamente Macri y sus gerentes van por las organizaciones gremiales para poder ahondar en su política económica.

Triaca es un fiel exponente de una clase social que desvaloriza el componente activo del Movimiento Obrero. Desprecia al campo popular de la misma manera que desprecia a los trabajadores. Su sentido del sindicalismo lo lleva a diagramar instituciones que sometan a la estructura neoliberal tal como lo hizo su padre en los ’90. Una práctica que no es novedosa y que reproduce, aun en la dispersión histórica, lo hecho por Thatcher y Reagan a principios de los ’80.

No cabe dudas que el Ministerio de Trabajo ha mutado su rol. Ahora es el brazo ejecutor del empresariado leonino y explotador. Mentor de la destrucción de derechos adquiridos. Cuando Triaca tuvo que terciar en algún  conflicto benefició, sin miramientos, a los empresarios. Y cuando no se valió de las fuerzas represivas o de la complicidad del sistema judicial.

Su gestión, autoritaria y unilateral, no vaciló en intervenir gremios. Apropiarse de las cajas y de la vida institucional para quebrar convenios colectivos y vaciar de fuerza a los sindicatos intervenidos. Una maniobra burda y obscena que dista del discurso republicano que del cual el ministro hace uso y abuso. Para ejemplo basta observar lo acontecido en el SOMU. Ya lo hemos descrito en varias oportunidades. Pero hay aun más vueltas. Porque el Ministerio de Trabajo, es decir Triaca, todavía no le dio lugar a la nueva Comisión Directiva que se impuso en las urnas. Urnas que le mandaron un claro mensaje al ministro que resultó ser el gran derrotado de la contienda.

No hay que equivocarse. Cambiemos hace política. No le interesa combatir ninguna corrupción. Sobre todo porque no tiene autoridad moral y aun peros, porque es parte de ella. La táctica es horadar y difamar al sindicalismo y a los trabajadores para imponer el absoluto de su plan económico, político y social. Amordazar a la sociedad y maniatar a sus organizaciones es garantizarse el escenario para progresar, junto al capital financiero, en el vaciamiento del país.

Triaca aborrece a los trabajadores. Como los aborrece Macri. Ellos son la patronal. Odian al peronismo por los beneficios que concedió al pueblo, estos le dieron identidad ontológica a los trabajadores y a sus instituciones. Por eso Triaca no teme en mandar a la “concha de su madre” a una empleada doméstica que tenía en negro. De la misma manera que no se preocupa cuando tiene que mandar a reprimir una protesta gremial. No podemos olvidarnos lo que sucedió con los trabajadores de PEPSICO.

Desde el gobierno apuran su ataque. Saben que se avecina un año de creciente conflictividad social y que ya no cuentan con el aval de hace unos meses para continuar con medidas anti-populares. Los trabajadores también putean porque ven que ya su salario no tiene la misma fuerza adquisitiva que hace unos dos años atrás. El desencanto de un sector que, incrédulo, esperaba un “cambio” – nunca queda en claro en esta afirmación retórica que tipo de cambio se esperaba en manos de un empresario  anti-nacional – comenzó a ver como su vida social se desmorona.

Triaca quedó expuesto y con él expuso todo el espectro ideológico que se desparrama por la sangre de Cambiemos. El odio de clase se manifiesta en cada acción política que realiza. Es neoliberalismo y es la pretensión pueril de pretender ser parte de una aristocracia social repelida por el pueblo. Triaca quedará en la historia como un ministro repudiable y miserable. A la larga será olvidado mientras que los trabajadores y sus organizaciones sociales, políticas y sindicales, permanecerán vigentes y de pie.

 

*Director periodístico de AGN Prensa Sindical.

Periodista de La Señal Medios/ Radio Gráfica

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