Opinión

Militar la unidad del peronismo desde el campo sindical

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*Por Gustavo Ramírez

Cuando Hugo Moyano entró al micro estadio Arena de La Pedrada , San Luis, las casi 4 mil personas que ocupaban el recinto irrumpieron en ovación y aplausos. El clima de expectativa y euforia dio cuenta de la importancia que tuvo  la presencia del dirigente sindical en el encuentro de militancia peronista. En su figura se representó a una parte del sindicalismo que confluye en la necesidad de unir al peronismo para enfrentar al neoliberalismo.

La presencia, rápida por cierto, del dirigente sindical se vio reforzada por la compañía de dirigentes gremiales de la Corriente Federal de Trabajadores, Hugo Yasky de la CTA de los Trabajadores, Daniel Ricci de FEDUM, Pablo Flores de AEFIP Capital, Anibal Torretta de SUTECBA y Néstor Segovia de los Metrodelegados,  entre otros. Sin embargo muchos sindicalistas, entre ellos un referente importante de la CGT, decidieron bajarse a último momento del encuentro. El tenor mayoritariamente kirchnerista del evento hizo retroceder a unos cuantos, que si bien comparten la idea de unidad no están dispuestos a disciplinarse a una expresión que no los ha contenido.

En este contexto la lectura no puede ser parcial. Gran parte del Movimiento Obrero ha traccionado la idea de unidad, primero a dar el ejemplo de construcción estratégica en la lucha y luego al comenzar a militar la unión necesaria para que el peronismo vuelva a ser gobierno en el 2019. Claro que no todo es lineal. Si bien Hugo Moyano tiene peso específico en el armado global, algunos dirigentes de su cuño, consideran que no pueden quedar atrapados en las operaciones que algunos jugadores kirchneristas montan con cierta premura. Es que estos dirigentes entienden que el sector k no ha dado muestras de amplitud en el pasado y ahora tampoco. Temen gastar fuerzas en una construcción que los pueda usar para desecharlos de inmediato en beneficio sectorial.

Hugo Moyano tiene la fortaleza necesaria para conducir a ese sector sindical dentro del peronismo pero no le será una tarea fácil. Los sindicalistas del palo no quieren ir a la cola del tren para que los tiren bajo las ruedas cuando la marcha sea inexorable. Muchos consideran que ha llegado el momento de jugar el partido desde el arranque y como titulares dadas las experiencias recientes. Después de todo ha sido el Movimiento Obrero, fragmentado y plagado de tensiones internas, el que ha puesto desde el inicio el pecho contra la política neoliberal de Macri. Se entiende entonces que volver a peronizar, en términos de conducción, al Movimiento Nacional implica asumir que el sindicalismo tiene un rol vital y protagónico en la construcción.

El discurso de Moyano fue uno  de los más contundentes, en relación a los conceptos, durante la apertura del encuentro en San Luis: “Hoy el país encontró a un gobierno ajeno a las realidades que viven fundamentalmente los trabajadores, los jubilados, los humildes. Creo que tenemos que hacer el mayor esfuerzo, más allá de lo que nos tocó vivir a cada uno de nosotros en los últimos tiempos. Tenemos que hacer el esfuerzo necesario para estar unidos”. 

“El otro día escuchaba  uno de esos tantos filósofos entre comillas, que aparecen por televisión, y decía: El peronismo dice que el pueblo nunca se equivoca y cómo nos nos votaba. Yo creo que el pueblo no se equivoca porque no nos votaron, al peronismo, para decirnos que no les estamos haciendo el homenaje que debemos a Perón. Para decirnos: Tienen que estar unidos para poder seguir luchando por la dignidad de los humildes. Esa es la prueba que nos puso el pueblo argentino en la última elección.  Fue como un llamado de atención al peronismo para decirnos concretamente: Únanse.  Porque de la unidad de los trabajadores, en este caso del peronismo, se construirán los cimientos de la patria. Esto es una realidad. No podemos hacernos los distraídos ante esta situción”, Moyano, como pasó el 21F intentó rescatar del ostracismo la perspectiva histórica de la identidad peronista. Una identidad que no se recuesta en fuerzas progresistas que aspiran a utopías retóricas o platónicas y que soslayan el programa integral del peronismo. Justicia social, independencia económica y soberanía política.

En su eje discursivo, Moyano, insistió en trazar estos lineamientos de identidad social, política y cultural: “El ser peronista no es tener el retrato más grande de Perón en la oficina. El ser peronista no es cantar la marcha con más fuerza. El ser peronista es defender los derechos de los trabajadores que es lo que Perón nos enseñó”. 

“Es el comienzo de una tarea que no es sencilla, no es fácil, pero no es imposible. Estoy convencido que vamos a lograr la unidad del peronismo y vamos a demostrar una vez más que seguimos amando a nuestra querida Evita, que seguimos amando a nuestro General porque ellos nos enseñaron que tenemos que amar al Pueblo. Por eso estoy convencido que el 2019 va a ser peronista. Como bien se dijo acá, no empecemos a elegir candidatos. Nos sobran candidatos. Pero no empecemos por eso porque sino se a entender mal”, Moyano dio la clave. Pelearse por una candidatura además de prematuro es un hecho desgraciado para el peronismo. Se alimentaría la fragmentación y recrudecerían las tensiones internas. Esa misma clave alimentó una motivación real, concreta, la de militar la unidad.

El encuentro en San Luis sirvió para clarificar posturas y ampliar el panorama. Ya no es un sector el que ejercerá la hegemonía de la conducción para un eslabón minoritario de la cadena política. El pasado cercano es digno de memoria pero existe una necesidad intrínseca para los trabajadores que necesariamente debe cifrarse en la recuperación de la identidad social  y cultural del peronismo. Por ello el discurso de Moyano fue la mención permanente a la historia misma de dicha identidad y pertenencia.

Para ciertos dirigentes progresistas, que asistieron a La Pedrada, la asistencia de Moyano fue simbólica. Muy probablemente no hayan prestado oído a sus palabras. Obviamente ellos fueron a buscar otra foto e impulsar su propio candidato. Moyano no es un actor secundario. Es un factor de equilibrio dentro del Movimiento Nacional. Porque su peso específico, en tanto jugador sindical, tracciona y potencia al conjunto de la fuerza. El desafío del dirigente es persuadir a más espíritus gremiales para que se sumen a este proceso de unidad. Militar la unidad es no dejar a ningún espacio sin contener. Una labro ardua y compleja pero que refleja el arte de la conducción.

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