Opinión

El gran simulador

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*Por Gustavo Ramírez

Durante la última semana la interna cegetista quedó expuesta y la frágil unidad del Consejo Directivo se desangra lentamente. Gran parte de la dirigencia avanzó sobre la realización de una medida de fuerza nacional que  viene en construcción desde hace dos meses. Sin embargo, una movida de último momento encabezada por el representante de la UTA, Roberto Fernández, desarticuló, por el momento, la jugada inicial. Esa movida,  a su vez, lo expuso entre sus pares y ante los trabajadores.

Contrariamente a lo que se presupone desde las góndolas mediáticas existe un amplio consenso sindical para confluir en una gran medida de fuerza. No obstante, estas posturas se hayan obstruidas por las acciones subterráneas de viejos y constantes operadores a favor del gobierno en el interior de la Central. La correlación de fuerzas es pareja y ello obtura el desarrollo de las fuerzas opositoras al gobierno.

A última hora del miércoles la reunión de mesa chica expuso con dureza las diferencias sustanciales que imperan en el núcleo central de la CGT. Allí Fernández, el gran simulador,  le reprochó a sus pares que pretendían manejar su sindicato. A lo que un peso pesado le respondió con una pregunta retórica: ¿Vos manejas tu sindicato?.  La bronca estalló y la amenaza de ruptura definitiva impregnó el aire. Con el pasar de los minutos los ánimos se calmaron pero el malestar no se disipó. Importantes dirigentes, podríamos describir afines al moyanismo,  se negaban a asistir  a una reunión que consideraban estéril con el gobierno. Vayamos al paro y después negociamos, si hay algo que negociar. Fue la postura. Pero los “gordos” impusieron su posición y avanzaron.

El jueves durante la reunión de Consejo Directivo los polos opuestos volvieron a sentar posición. El cuarto intermedio es más el resultado de un posicionamiento estratégico de presión que una resolución de dilatación de tiempos. En ese contexto el reclamo de cinco puntos preponderantes, como reclamo puntual al gobierno, es una formulación formal. Los gremios decididos a la confrontación saben que el Ejecutivo neoliberal no va a ceder ante reclamos de cambios estructurales en el modelo y ese es el pie necesario para disciplinar a quienes sacan los pies del plato a último momento.

Lejos de las apreciaciones de los titulares monetarizados el paro está decidido y en ningún momento fue levantado. el martes será el día D. Los dirigentes que lideraron las protestas contra el tarifazo adelantaron que el próximo 12 de junio tomarán la ofensiva. “Hay que tener fe en los nuestros”, fue la frase de cabecera que sentenciaron para describir el momento.

No es una situación cómoda para los que pelean desde adentro. La exposición pública y sentido común tienden a apresurar las críticas que se asientan en los precedentes inmediatos. Ante las ansiedades políticas la visión del devenir inmediato se diluyen de manera inmediata. La puja en la construcción de un paro nacional no comenzó durante esta semana y partió desde el propio seno del Triunvirato con el liderazgo de Juan Carlos Schmid. En la batalla interna logró encolumnar a sectores dispersos y alinearlos con la idea del paro nacional. La concreción de dicho esfuerzo se vio lograda el viernes de la Marcha Federal por Pan y Ttrabajo, organizada por los Movimiento Sociales, donde después de mucho tiempo se pudo ver a la CGT, casi a pleno, en movimiento.

El paro fue anunciado para junio. No hay voces que hasta el momento hayan dicho que el mismo esté levantado. Es cierto que existe desconfianza hacia una dirigencia que ha tenido reacciones demasiado lentas ante la coyuntura. Las criticas pueden estar justificas pero mal direccionadas. Sobre todo porque los actores, esta vez, están bien identificados. En ese sentido  aparecen en el mismo lugar los dirigentes que el 18 de diciembre del 2017 traicionaron sus propias palabras y boicotearon el paro nacional, como Roberto Fernández.

Es necesario comprender que el juego se desarrolla sobre la superficie húmeda de una línea delgada. Urge la necesidad de convocar a un paro general nacional para enviar un mensaje contunden al gobierno neoliberal. Por eso mismo la huelga no puede quedarse en medias tintas. Sin el transporte público alineado será difícil alcanzar un pleno acatamiento y eso puede representar una victoria para el macrismo. La idealización de las fuerzas populares no suele atinar con el diagnóstico. Si bien es concreto que el humor social se ha transformado es cierto que no todos los trabajadores pueden adherir de manera espontánea a una medida de fuerza. Por otro lado es fácil entrar al paro, pero si la salida es incierta el costo político puede ser muy alto para un Movimiento Obrero fragmentado y sin un liderazgo definido.

La CGT quedará al borde de la implosión si logran imponerse los sectores conservadores. El 22 de agosto puede estar mucho más cerca si esto sucede. Pero el costo sería profundizas la deslegitimación social a la que apuesta el gobierno. Es probable que los sectores internos que asumieron confrontar con Cambiemos se replieguen hacia el cobijo de Camioneros, algunos a regañadientes, y paren unificados el jueves 14 si el gremios del transporte va al paro. Hay decisiones tomadas. Solo resta esperar al desencadenamiento de los acontecimientos.

 

*Director periodístico de AGN Prensa Sindical

Periodista de La Señal Medios / Radio Gráfica

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