Opinión

CGT: ¿Quién controla el futuro?

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*Por Gustavo Ramírez

Hasta acá llegaron. Los tres están dispuestos a dar un paso al costado. El desgaste ha sido muy grande y sienten que perdieron legitimidad. Si se toma una decisión y cada uno hace lo que quiere, ¿para qué seguir?. Expresó un dirigente, en la última reunión, casi a los gritos.  El Triunvirato también alcanzó su punto de inflexión. Los pasos a seguir apuntan al camino de un nuevo Confederal para buscar una conducción unificada en un sólo liderazgo.

El Barba Gutiérrez se fue dando un portazo y se llevó unos cuantos reproches. Acuña amagó con seguirlo pero lo contuvieron. Schmid tiene la renuncia casi en la mano. Daer se ve a”apretado” de todos lados. Quizá no sea el momento de tomar decisiones en caliente. Pero es el momento de tomar decisiones. La salida de la UOM de la CGT precipita los procesos y confirma que la ruptura interna está en proceso. No hay que olvidar que Caló ha sido uno de los componentes de equilibrio en la conformación del Triunvirato.

Los Gordos dejaron expuesta las fisuras que agrietan el piso de la conducción. Bastó una sola movida para que el andamiaje tambaleara. Fernández, Secretario General de UTA, rompió un código sagrado para el sindicalismo como lo es boicotear una huelga general. Aún así, su fuerza política interna no es lo suficientemente sólida para sostenerse adentro sin heridas. Una vez más los Gordos pueden quedar aislados enamorados del gobierno de turno y lejos de las bases y desprestigiados ante sus pares.  Sobre todo porque en éste momento ningún sector quiere dejarles servida la CGT.

Las masivas movilizaciones populares sobrepasaron la estrategia del Triunvirato. A simple vista la primera impresión es que, una vez más, la CGT llegó tarde. Hay un cambio en la composición de las bases sociales que no busca solamente la representación formal en su dirigencia. Reclama liderazgos concretos que contengan algo más que principios declamatorios. Existe una gran porción de trabajadores dispuesta a luchar contra las políticas de ajuste. Así como hay un gran número de dirigentes que reclama un plan de lucha en conjunto.

El Triunvirato no ha podido salir del fuego cruzado. El juego pendular le cayó bien en un momento pero lo terminó por asfixiar. Los acontecimientos sociales suelen ser mucho más veloces que las presunciones dirigenciales. Cuando la bronca estalla lo hace de manera furtiva y las esquirlas suelen impactar en aquellos que no lograron advertir lo que se gestaba. Sin embargo resulta curiosa esta línea, sobre todo porque la conducción de la CGT vio con claridad el diagnóstico. El impacto del modelo económico fue y es ampliamente criticado. No obstante ello la estrategia fue apostar a una mesa de dialogo que trajo más dolores de cabeza que soluciones y retrasó el impulso de resistencia y lucha.

Por otro lado son varias las organizaciones sindicales que comprenden que el Triunvirato ha sectorizado las luchas sin tomarlas como propias del conjunto del Movimiento Obrero. La coyuntura impactó e impacta sobre diversos ámbitos laborales donde por momentos la resistencia por sector es efectiva pero en la profundización del conflicto se necesita una expresión más corporativa. Tal vez como clara señal de unidad.

Las movilizaciones masivas del 14 y 18 de diciembre han tenido un profundo impacto social. La importancia de la mismas se observa en la intensidad represiva con la que el Gobierno intentó recuperar la calle. Allí como en términos político el macrismo perdió. Ese efecto llegó, como onda expansiva, al seno sindical. Tal es así que el cimbronazo golpeó a las 62 Organizaciones donde diversos gremios adhirieron al paro de la CGT.

El actual proceso demanda una transfiguración de la estrategia cegetista. Sobre todo porque Cambiemos no va a cesar en su avanzada anti-sindical. Es parte de su eje político. En este contexto el Triunvirato comienza una cuenta regresiva. Y es sano que así sea. Los triunviros lo saben. Por estas horas se tratará de buscar el mecanismo orgánico para reconfigurar un Confederal. Las condiciones están dadas. Amplios sectores como las regionales, la Corriente Federal de Trabajadores y el MASA, por ejemplo, lo demandan.

Se comienza a cerrar una etapa. El mapa social ha cambiado abruptamente, de la misma manera que el humor social. La CGT necesita dar un giro en su conducción. El desgaste y la exposición han llegado a su punto más álgido y el cansancio se nota en las apreciaciones de sus dirigentes. El mecanismo de mutación tiene que ser inteligente para que la sangría no derive en una crisis terminal. En todo caso quedará una CGT diezmada ante la configuración de un nuevo MTA, por ejemplo. Algo que no representaría necesariamente una crisis  y si un necesario devenir. El juego está abierto, pero claro, ¿quién controla el futuro?.

 

*Director periodístico de AGN Prensa Sindical

Periodista de La Señal Medios / Radio Gráfica: Palabra Sindical.

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